Fisioterapia y tacto

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FISIOTERAPIA Y TACTO Por María Rivera Rodríguez Colegiada 1975 El tacto es el primer sentido que se desarrolla en la vida intrauterina(entre la 6-8 semana de gestación) y el último que se pierde antes de la muerte. Cada persona tiene una relación diferente con este sentido, y depende de factores tan diversos como la educación recibida, culturales, experiencias y vivencias facilitadas o inhibidas...(leer más...) (...)La necesidad del tacto y del contacto es innata dentro del mundo animal. Y los seres humanos pertenecemos a este reino. Una cría mamífera, en cuanto nace, necesita del contacto inmediato de hociqueo con su madre para poder sobrevivir. Si no es lamida y masajeada tiene muchas probabilidades de morir. Este contacto también permite establecer los vínculos necesarios para que la madre pueda protegerla y cuidarla. Si no lo hace en los primeros instantes de vida, posiblemente no desarrolle este instinto y no sienta ningún interés por su cría, aun cuando posteriormente se las mantenga juntas. Otros ejemplos los tenemos en los animales de madriguera. Las crías permanecen tiempo solas en su habitáculo mientras la madre sale en busca de alimento. Es una cuestión fundamental para no ser devoradas por depredadores que no defequen, pues cualquier pista de olor podría llevar al enemigo hasta su escondite. Y es por esto que sólo lo hacen cuando la madre masajea el vientre de su prole. Una muestra más de la necesidad del contacto físico. También lo observamos en marsupiales, que necesitan de este contacto y del calor materno para sobrevivir y madurar. La gestación del ser humano debería ir más allá de los 9 meses; debería nacer y tratarse de un ser más independiente y maduro, tal como ocurre en la mayoría de los mamíferos. Por razones biomecánicas y de adaptación a la posición erecta la pelvis de la mujer no podría albergar y dar paso a una cría de mayor tamaño, de aquí se justifica que el bebé humano nazca de una forma "tan prematura", inmaduro, y tan sumamente dependiente. ¿Cómo entonces no va a necesitar del cuidado de su madre, de ese contacto físico tan necesario, para salir adelante? A través del tacto se nutre, alimenta cuerpo y alma. Alimenta el cuerpo en cuanto a los innumerables efectos del masaje: el sistema nervioso (ayuda a la formación de las sinapsis y , por consiguiente, facilita su adaptación al entorno), sistema endocrino (disminuye las hormonas del estrés y estimula la producción de oxitocina, necesaria para la relajación), equilibra el metabolismo, sistema respiratorio, digestivo (ayuda a regularizar el tránsito intestinal, eliminación de gases y heces), sistema circulatorio, integración del esquema corporal, de los sentidos, normaliza el tono muscular del recién nacido, y el patrón de sueño, biorritmos,... Alimenta el alma porque es ese momento de intimidad y complicidad con su cuidador/a (normalmente recae sobre la madre), bebé-madre establecen lazos de unión y conexión (vínculos), afianza el apego, se siente respetado y escuchado,...pues intervienen todos los elementos que participan en el vínculo (vista, olfato, tacto, actitud, hormonas, llanto, sonrisas,...) Y alimenta también a los demás... Ayuda a los padres a comunicarse con su bebé, a comprender sus reacciones, potencia la autoestima y confianza (normalmente mermada en padres primerizos), da pie a tener ese "ratito único" y exclusivo de dedicación que a todos nos gusta y necesitamos, disminuye la depresión postparto, afianza y mantiene la lactancia materna (por medio del tacto aumenta la secreción de oxitocina y prolactina de la madre, en este caso), implicación de otros miembros de la familia, como es el caso de hermanos ( disminuye la rivalidad y competitividad, crea actitudes de respeto ),... Desde nuestro papel como fisioterapeutas tenemos mucho que decir en este campo. Tenemos casi todas las herramientas necesarias para trabajar desde este punto de partida. ¿Qué nos falta? Quizás romper con los tabúes marcados que no nos permiten el contacto físico con los demás, que se toca para rozar y no para sentir, que si "tocamos demasiado" malcriamos a los niños (sinceramente, nunca ví a una ternera, un conejo, un gato,...quejarse de que su madre lo lamiera demasiado....si el instinto natural es tocar a su cría, reunir a la camada y acurrucarla bajo su cuerpo en un rincón protegido!). Ya hemos hablado de los beneficios del masaje en la primera etapa de la vida. En el segundo tercio la persona adulta es independiente, capaz y libre de buscar esas relaciones de contacto, bien por medio de una pareja, con su descendencia, familiares y amigos, se siente desarrollada y plena,... Pero hay un tercio restante que queda más desamparado, es la Tercera Edad. En la vejez, muchas personas viven carentes de este contacto físico con otras personas. Y en muchas de ellas no es la opción elegida, sino impuesta, por muerte de la pareja ( si es que la hubo), lejanía de sus seres queridos, necesidad de vivir en una residencia (donde sus necesidades básicas quedan cubiertas pero no siempre las afectivas), razones educacionales,...Desde mi propia experiencia en el campo de la geriatría he podido comprobar cómo, en muchos casos, "un muy suave masaje de rodillas curaba la artrosis". Siento no poder aportar datos científicos sobre mi trabajo, pero sí que puedo decir que muchos de mis pacientes reclamaban, sin ellos saberlos, esa cercanía y los beneficios del contacto físico. Desde aquí, animo a los compañeros fisios a introducir el masaje como medio de trabajo para el vínculo afectivo. No consiste en hacernos amigos de nuestros pacientes, pero sí que seamos capaces de CONECTAR con los demás por medio de nuestra herramienta más preciada, nuestras manos. Salimos de la Universidad muy preparados para cualquier patología con la que nos podamos encontrar, pero nadie nos prepara para enfrentarnos a un paciente con el que solo nos podemos comunicar por tacto, mirada, voz, un abuelo al que le resulta mucho más reparador un suave masaje que una sesión de infrarrojos, un niño asustado por tantas intervenciones médicas que no deja acercarnos. Esto debemos hacerlo sin perder nunca la referencia de que lo realizamos desde el más estricto respeto, hacia nosotros y hacia quien nosotros tocamos.

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